Como carpintera, guardo un número indeterminado de serruchos antiguos que voy encontrando en chatarrerías, mercadillos de antigüedades o internet.

Tenerlos guardados supone un gasto de espacio y tiempo en mantenerlos limpios, por lo que
se me ocurrió pintar algunos y venderlos como portanotas.

Alguna persona que adquirió uno de mis serruchos los tiene como mero elemento decorativo
y también es lícito.

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